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Desayuno en el Hotel Plaza Athénée


Foto: Hotel Plaza Athénée.

Paris, Francia. Con el paso de los años empieza uno a valorar dormirse temprano, aun cuando se está de viaje. Por eso, últimamente me he dedicado a explorar el universo de los desayunos y ¿qué mejor que Paris, la capital mundial de la pastelería, para hacerlo?


El Plaza Athénée me ha generado siempre curiosidad y admiración ya que crecí oyendo las historias de mis abuelos que se hospedaban allí cuando visitaban la ciudad luz. Mi abuela me contaba que era un lugar excepcional en donde todo era presentado con gran majestuosidad y en este viaje no podía dejar de ir a conocerlo. Hicimos reserva para desayunar en el restaurante principal dirigido por el chef Jean Imbert y galardonado con una estrella Michelin. Cuando llegamos, la mesa ya estaba montada con una vajilla de reborde dorado que me hizo viajar a 1913, año de inauguración del hotel y un centro de mesa en plata, lleno de los más hermosos panes y la más perfecta pastelería.



El servicio de desayuno del Plaza Athénée a diferencia de otros hoteles es solo a la carta, un detalle que me pareció espectacular ya que no soy fan de los buffet. Y la verdad es que no hace falta ya que la oferta de platos es bastante amplía con propuestas de van desde lo más clásico como omelettes en varias expresiones, huevos revueltos con trufa negra o caviar, salmón ahumado, parfait y granola, hasta opciones más contemporáneas como bowls de chía y acaí, jugos verdes y tortillas de clara de huevo.


Yo me incliné por los huevos cremosos con trufa negra los cuales no pude evitar acompañar con un croissant con franjas rojas que estaba relleno de mermelada de cereza. Por su parte, mis compañeros de mesa ordenaron “pain perdu”, tablas de jamón ibérico de bellota y “chakchouka”, una preparación magrebí que consiste en una cazuela de huevos al horno aderezados con tomates, pimientos y variedad de especies marroquíes.


Foto: Huevos revueltos con trufa negra.

Si bien la comida estaba impecable y el servicio espectacular, lo que más disfruté fueron la decoración y el ambiente. El salón, aunque remodelado recientemente, mantiene la sensación de estar operando en el primer cuarto del siglo pasado y su decoración, con tapetes de pared a pared, molduras de madera doradas, lámparas de cristal, espejos tallados y suntuosos papeles de colgadura, es un deleite para todos los sentidos. Y ni hablar de la vista al patio interior, que ese día tenía exhibida una colección de fotografía y que fallé en no preguntar de qué se trataba, la cual se suma a la lista de detalles que le roban a uno un pedazo del alma cuando se visita semejante espectáculo de lugar. Altamente recomendado.


Para más información, reservas y hospedaje consulte en Instagram: @plaza_athenee.


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